El cultivo del tomate
Origen e Importancia
El
origen del género Lycopersicon se localiza en la región
andina que se extiende desde el sur de Colombia al norte de Chile, pero
parece que fue en México donde se domesticó, quizá
porque crecería como mala hierba entre los huertos. Durante el
siglo XVI se consumían en México tomates de distintas
formas y tamaños e incluso rojos y amarillos, pero por entonces
ya habían sido llevados a España y servían
como alimento en España e Italia. En otros países
europeos solo se utilizaban en farmacia y así se mantuvieron en
Alemania hasta comienzos del siglo XIX. Los españoles y
portugueses difundieron el tomate al Oriente Medio y África, y
de
allí a otros países asiáticos, y de Europa
también se difundió a Estados Unidos y Canadá.
El tomate es la hortaliza
más difundida en todo el mundo y la de mayor valor
económico. Su demanda
aumenta continuamente y con ella su cultivo, producción y
comercio. El
incremento anual de la producción en los últimos
años se debe principalmente
al aumento en el rendimiento y en menor proporción al aumento de
la superficie
cultivada.
El tomate fresco se consume principalmente en ensaladas, cocido o
frito. En mucha menor escala se utiliza como encurtido.
Requerimientos de Clima
El
manejo racional de los factores climáticos de forma conjunta es
fundamental para el funcionamiento adecuado del cultivo, ya que todos
se
encuentran estrechamente relacionados y la actuación sobre uno
de estos incide
sobre el resto.
Temperatura:
es menos exigente en temperatura que la berenjena y el pimiento.
La
temperatura óptima de desarrollo oscila entre 20 y 30ºC
durante el
día y entre 1 y 17ºC durante la noche; temperaturas diurnas
superiores a los 30-35ºC
afectan a la fructificación, por mal desarrollo de óvulos
y al desarrollo de
la planta en general y del sistema radicular en particular e
inferiores a 12-15ºC también originan problemas en el
desarrollo de la
planta.
En
términos generales los tomates grandes (para rodajas en
ensaladas) prefieren temperaturas mas frescas, mientras que los tomates
pequeños de racimo soportan mejor las altas temperaturas.
Humedad: la humedad
relativa óptima oscila entre un 60% y un
80%.
Humedades
relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de enfermedades
aéreas y el
agrietamiento del fruto y dificultan la fecundación, debido a
que el polen se
compacta, abortando parte de las flores. El rajado del fruto igualmente
puede
tener su origen en un exceso de humedad por lluvia o riego
abundante, tras un período
de sequía, por tal motivo se recomienda mantener un
régimen de riego sin grandes fluctuaciones. También una
humedad relativa
baja dificulta la fijación
del polen al estigma de la flor.
Luminosidad:
El tomate es amante de pleno sol o iluminación abundante,
valores reducidos de luminosidad pueden incidir de forma negativa sobre
los procesos de la floración, fecundación así como
el desarrollo vegetativo
de la planta.
En los momentos críticos durante el período vegetativo
resulta crucial
la interrelación existente entre la temperatura diurna y
nocturna y la
luminosidad.
Suelo:
la planta de tomate no es muy exigente en cuanto a suelos, excepto en
lo
que se refiere al drenaje, aunque prefiere suelos sueltos de textura
silíceo-arcillosa
y ricos en materia orgánica.
No obstante se desarrolla
perfectamente en suelos
arcillosos enarenados.
En cuanto al pH, los suelos pueden ser desde ligeramente ácidos
hasta
ligeramente alcalinos cuando están enarenados. Es la especie
cultivada en invernadero que mejor tolera las condiciones
de salinidad tanto del suelo como del agua de riego.
Elección
de la Variedad
Hay muchas variedades de tomates, y cada día aparecen nuevas,
dirigidas al aumento de la productividad, resistencia a las
enfermedades y en particular a disminuir la velocidad de
maduración despues de desarrollada la fruta, lo que favorece la
distribución comercial con menores pérdidas por
maduración excesiva.
Principales
criterios de
elección:
- Características del fruto
- Resistencias a
enfermedades.
- Estructura de invernadero.
- Calidad del agua de riego.
Cultivo
Distancia de Siembra
El
esquema de plantación se establece en función del
tamaño de
la planta, que a su vez dependerá de la variedad comercial
cultivada. El más frecuentemente empleado es de 1,5 metros entre
líneas y 0,5 metros entre plantas, aunque cuando se trata de
plantas de porte medio es común aumentar la densidad de
plantación a 2 plantas por metro cuadrado con marcos de 1 m x
0,5 m.
Poda
Es una
práctica imprescindible para las variedades de crecimiento
indeterminado. Se realiza a los 15-20 días del trasplante con la
aparición de los primeros tallos laterales, que serán
eliminados, al igual que las hojas más viejas, mejorando
así la aireación del cuello y facilitando la
realización del aporcado. Así mismo se determinará
el número de ramas (tallos) a dejar por planta. Son frecuentes
las podas a 1 o 2 ramas, aunque en tomates de tipo en racimo suelen
dejarse 3 y hasta 4 tallos.
Aporcado
Práctica
que se realiza en suelos enarenados tras la poda de formación,
con el fin de favorecer la formación de un mayor número
de raíces, y que consiste en cubrir la parte inferior de la
planta con arena.
Colocación de tutores
Los
tutores son necesarios para mantener la planta erguida y evitar
que las hojas y sobre todo los frutos toquen el suelo, mejorando
así la aireación general de la planta y favoreciendo el
aprovechamiento de la radiación y la realización de las
labores culturales (deshijado, recolección, etc.). Todo ello
repercutirá en la producción final, calidad del fruto y
control de las enfermedades.
La sujeción suele realizarse con hilo de polipropileno (rafia)
sujeto de una extremo a la zona basal de la planta (liado, anudado o
sujeto mediante anillas) y de otro a un alambre situado a determinada
altura por encima de la planta (1,8-2,4 m sobre el suelo). Conforme la
planta va creciendo se va liando o sujetando al hilo tutor mediante
anillas, hasta que la planta alcance el alambre. A partir de este
momento existen tres opciones:
Dejar que la planta crezca cayendo por propia gravedad.
Dejar que la planta vaya creciendo horizontalmente sobre los alambres
del emparrillado.
Deshijado
Consiste
en la eliminación de brotes axilares para mejorar el
desarrollo del tallo principal. Debe realizarse con la mayor frecuencia
posible para evitar la pérdida de follaje
apreciable y la
realización de heridas. Los cortes deben ser limpios para evitar
la posible entrada de enfermedades. En épocas de riesgo o
lluvias, es
aconsejable realizar un tratamiento fitosanitario con algún fungicida-bactericida
cicatrizante, como pueden ser los derivados del cobre.
Deshojado
Es
recomendable tanto en las hojas amarillantes por la edad, con objeto de
facilitar
la aireación y mejorar el color de los frutos, como en hojas
enfermas, que deben sacarse inmediatamente del cultivo, eliminando
así la fuente de inóculo.
Despunte y aclareo
Ambas
prácticas están adquiriendo cierta importancia
desde hace unos años, con la introducción del tomate en
racimo, y se realizan con el fin de homogeneizar y aumentar el
tamaño de los frutos restantes, así como su calidad. De
forma general podemos distinguir dos tipos de aclareo: el aclareo
sistemático es una intervención que tiene lugar sobre los
racimos, dejando un número de frutos fijo, eliminando los frutos
inmaduros o mal posicionados. El aclareo selectivo tiene lugar sobre
frutos que reúnen determinadas condiciones independientemente de
su posición en el racimo; como pueden ser: frutos dañados
por insectos, deformes y aquellos que tienen un reducido calibre.
Riego y Fertilización
En la
práctica una frecuencia de
riego para un cultivo ya establecido es de 2-3 veces por semana en la
temporada fresca, aumentando a 4-7 veces por semana en
primavera-verano, con
caudales de 2-3 litros por planta es adecuado.
En cultivo hidropónico
el riego
está automatizado y
existen distintos sistemas para determinar las necesidades de riego del
cultivo, siendo el más extendido el empleo de bandejas de riego
a la demanda. El tiempo y el volumen de riego dependerán de las
características físicas del sustrato.
En cuanto a la nutrición, cabe destacar la importancia de la relación Nitrógeno/Potasio
a lo largo de
todo el
ciclo de cultivo, que suele ser de 1/1 desde el trasplante hasta la
floración, cambiando hasta 1/2 e incluso 1/3 durante el
período de recolección. En el cultivo del tomate en
racimo el papel del potasio en la maduración del tomate es
esencial, pudiéndose emplear en forma de nitrato
potásico, sulfato potásico, fosfato monopotásico o
mediante quelatos.
La adición de inhibidores de la nitrificación ralentizan
la oxidación de amonio a nitrato, de manera que el amonio se
mantiene durante más tiempo en el suelo, ya que este tipo de
fertilizantes afectan a las bacterias que participan en este proceso.
De esta manera el nitrógeno se suministra de forma gradual, ya
que se adapta a las necesidades de cada cultivo a lo largo de su
periodo de desarrollo y disminuyen las pérdidas de nitrato por
lixiviación y desnitrificación, pues el efecto contrario
tiene lugar con la adición de abonos minerales con elevado
contenido en nitrógeno amoniacal.
El fósforo
juega un papel relevante en las etapas de
enraizamiento y floración, ya que es determinante sobre la
formación de raíces y sobre el tamaño de las
flores. En ocasiones se abusa de él, buscando un acortamiento de
entrenudos en las épocas tempranas en las que la planta tiende a
ahilarse. Durante el invierno hay que aumentar el aporte de este
elemento, así como de magnesio, para evitar
fuertes carencias
por enfriamiento del suelo.
El calcio
es otro
macroelemento fundamental en la nutrición del
tomate para evitar la necrosis apical (blossom end
rot), ocasionado
normalmente por la carencia o bloqueo del calcio en terrenos
generalmente salinos o por graves irregularidades en los riegos.
Entre los microelementos de mayor importancia en la nutrición
del
tomate está el hierro,
que juega un papel primordial en la
coloración
de los frutos, y en menor medida en cuanto a su empleo, se
sitúan manganeso, zinc, boro y molibdeno.
A la hora de abonar, existe un margen muy amplio de abonado en el que
no se aprecian diferencias sustanciales en el cultivo, pudiendo
encontrar “recetas” muy variadas y contradictorias dentro de una misma
zona, con el mismo tipo de suelo y la misma variedad.
Actualmente se emplean básicamente dos métodos para
establecer las necesidades de abonado:
-
En
función de las extracciones del cultivo, sobre las que existe
una amplia y variada bibliografía.
-
En
base a una solución nutritiva “ideal” a la que se
ajustarán los aportes
previo análisis de agua. Este método es el que se emplea
en cultivos
hidropónicos, y para poder llevarlo a cabo en suelo o en
enarenado,
requiere la colocación de sondas de succión para poder
determinar la
composición de la solución del suelo mediante
análisis de macro y
micronutrientes, CE y pH
Los
fertilizantes de uso más extendidos son los abonos simples en
forma de sólidos solubles (nitrato cálcico, nitrato
potásico, nitrato amónico, fosfato monopotásico,
fosfato monoamónico, sulfato potásico, sulfato
magnésico) y en forma líquida (ácido
fosfórico, ácido nítrico), debido a su bajo coste
y a que permiten un fácil ajuste de la solución
nutritiva, aunque existen en el mercado abonos complejos sólidos
cristalinos y líquidos que se ajustan adecuadamente, solos o en
combinación con los abonos simples, a los equilibrios requeridos
en las distintas fases de desarrollo del cultivo.
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