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Lo sugerido en este artículo tiene solo carácter informativo y nunca podrá utilizarse  para auto-medicarse o en sustitución del diágnóstico del médico.

Anorexia infantil


El apetito es el impulso instintivo que nos lleva a satisfacer deseos y necesidades. Para decirlo familiarmente al referirnos a la ingestión de alimentos, son las ganas de comer. Los especialistas, cuando definen este término, se refieren a que el apetito es "el hambre moderada orientada hacia la elección de determinados alimentos". Sin embargo, el tema que nos ocupa, enfocado principalmente hacia los jóvenes, sería algo así como la antípoda del apetito, pues la anorexia es el rechazo a ultranza (a todo trance) de la ingestión de alimentos. Es un miedo irreal a ganar peso y una imagen equivocada sobre el propio cuerpo.

En la anorexia infantil se describe la del lactante (poco frecuente y casi siempre orientada a alguna enfermedad que cursa con este síntoma); la fisiológica está relacionada con una disminución de las necesidades del organismo del niño en el segundo año de vida, mientras los padres y abuelos mantienen la idea errada de que necesita la misma cantidad de alimentos que durante los primeros 12 meses; la psicógena, originada en virtud de trastornos internos o factores ambientales (imposición de una alimentación excesiva); y la anorexia nerviosa, que se presenta a partir de los 12 años.
 
Aunque esta enfermedad se describió por primera vez en el sexo femenino, aqueja también al masculino, tanto en jóvenes como en adultos. Datos de organismos internacionales indican que esta entidad tiene una prevalencia de uno por cada 800 personas, sin descartar que investigaciones en algunos países muestran uno por cada 100, entre las edades de 12 y 18 años.
 
La anorexia puede empezar en cualquier etapa de la infancia, sobre todo en escolares y adolescentes, y es frecuente en hermanos o hijos de personas anoréxicas u obesas, de padres muy exigentes, perfeccionistas y en niños modelos.

 Se manifiesta de diferentes formas con el fin de escapar del "castigo" que constituye para estas personas tener que comer: dolores abdominales, vómitos, escenas emocionales de la forma más diversa; con malos hábitos como morderse las uñas, tartamudeo, enuresis (incontinencia urinaria).
 
Sus causas se atribuyen, entre otros, a factores ambientales, fundamentalmente en familias que, obsesivamente, tratan de imponer una alimentación excesiva al niño o la niña; por una necesidad de llamar la atención de quienes los rodean; cuando la silla de comer se convierte en banco de acusados por malas conductas durante el día, o en espectadores de conflictos familiares. Ya en la adolescencia, podría deberse a un nuevo patrón de belleza cuando ha devenido en ideal estático, las formas o medidas de extrema delgadez.Aunque es importante subrayar que este patrón se convierte en ocasiones en antifisiológico, como antifisiológico es igualmente el método para lograrlo: dejar de comer. La influencia de la moda y el consumismo hasta ahora han desempeñado a no dudarlo un papel determinante en el origen de este trastorno en la adolescencia. Es esencial saber que estos pacientes, en alrededor de un 60%, tienden a la cronicidad; un 30% de ellos remiten totalmente (curan) y un 10% fallecen.


El paciente puede sentir cierto placer e indiferencia por el rechazo aprendido a no alimentarse.

Consecuencias

Trastornos psicológicos, inmunológicos, endocrino-metabólicos. En el sexo femenino se presenta la ausencia de menstruación, o retrasos en su aparición. Los resultados de un estudio publicado recientemente por investigadores del Hospital General de Massachusetts confirman la pérdida de masa ósea en un 92% de las mujeres con anorexia nerviosa estudiadas, sea en las caderas, extremidades o espina dorsal.

Tratamiento

  Va dirigido esencialmente a la atención psicológica, y un tratamiento médico sustentado en controles periódicos, a fin de restablecer las funciones orgánicas afectadas.

Prevención

Quizás con sencillas medidas que dependen de nuestra propia conducta. Es importante hacer de la hora de comer un momento de felicidad y de comunicación en la familia. Ser tolerantes con determinadas incorrecciones en cuando a modales y conductas. Respetar al niño o al adolescente como verdaderos seres humanos. Demostrar siempre que alimentarse es una necesidad vital para mantenernos saludables. Hacer vivir a nuestros hijos una vida feliz en la que sus emociones estén acordes a su edad y temperamento.



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