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Lo sugerido en este
artículo tiene solo carácter informativo y nunca podrá utilizarse
para auto-medicarse o en sustitución del diágnóstico del médico.
Colesterol
El
colesterol, ese tipo grasa
que
circula por nuestra sangre y que
interviene
en variados procesos del organismo, mantiene sobre sí el ojo
avizor de
investigadores y especialistas que vinculan su presencia en exceso a
riesgos que pueden comprometer ciertamente la salud y hasta la
vida.
Es una sustancia química que circula por la sangre y
que forma parte de los numerosos lípidos que posee el
organismo. Esta sustancia es utilizada por nuestro organismo en la
formación de hormonas
esteroideas, vitaminas
y bilis.
La mayor parte del colesterol es producido por el propio
organismo, mediante complejas reacciones y el resto es ingerido a
través de la dieta.
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Además de sus funciones fisiológicas, ya
mencionadas, el
colesterol penetra en la pared arterial, donde se deposita y produce aterosclerosis. A
mayor cantidad de colesterol circulante, mayor es la
cantidad potencial que puede depositarse en la arteria. Es por ello que
un
excedente de colesterol en la sangre puede desarrollar una enfermedad
aterosclerótica más intensa. La aterosclerosis no es
sinónimo de
“pérdida de la mente o demencia” como erróneamente se
considera a veces
popularmente.
El colesterol circula en la sangre combinado con otras
sustancias formando una gran molécula que se llama
lipoproteína. Son
varias las lipoproteínas en las que viaja el colesterol, entre
ellas
hay una que contribuye al depósito del colesterol en la arteria,
por lo
que se le conoce como “mala”, y otra que recoge el colesterol de la
arteria, por lo que se le conoce como “buena”.
Niveles deseables
El valor deseable de colesterol en la sangre está por
debajo de
5,2 mmol/L (200 mg/dL). Pero más importante
que el valor deseable del colesterol total es el del colesterol "malo",
cuya cifra varía dependiendo de la asociación con
enfermedades
cardiovasculares, diabetes
y otros factores de riesgo de la
aterosclerosis.
Factores de riesgo
Para el desarrollo de la aterosclerosis, además del
colesterol elevado, se consideran factores de riesgo la hipertensión,
la diabetes, el hábito de fumar y la relación familiar de
cardiópatas. La cantidad de colesterol en la sangre no sigue una
regla fija, dependerá del metabolismo del colesterol de cada
persona.
Un metabolismo anormal elevará indefectiblemente el colesterol
de la
sangre.
Son ricos en colesterol: la yema del huevo, los derivados
lácteos como leche entera, mantequilla, quesos (incluyendo el
blanco
doméstico), las vísceras, los mariscos, las carnes rojas
y el pellejo
de los animales. Pobres en colesterol: vegetales, verduras, cereales,
frutas y pescado
El colesterol elevado no produce síntomas: ni pica, ni arde ni
duele.
Es curable cuando depende de factores dietéticos o de una
causa que la produce (diabetes, obesidad, hipotiroidismo, síndrome
nefrótico). Es sólo tratable si depende de un trastorno
metabólico
inherente a la persona.
El colesterol elevado puede producir la aterosclerosis, la que
puede ocluir una arteria e interrumpir la sangre que por ella circula
hacia un órgano. Cuando esto ocurre se producen los infartos
cardíaco y
cerebral, la isquemia cerebral, la insuficiencia arterial y
posteriormente la gangrena de las piernas, puede mejorarse los niveles
de colesterol modificando su estilo de vida (hábitos
nutricionales,
control del peso, ejercicios físicos) y la administración
de
medicamentos.
Nunca se ha
demostrado que quienes padecen de colesterol alto tienen mayor riesgo
de hipertensión arterial y viceversa.
Puede manifestarse desde la niñez, sobre todo en hijos de
padres hipercolesterolémicos. Las mujeres tienen menos tendencia
a
padecer este trastorno antes de los 55 años, por la
protección que les
aportan las hormonas femeninas; los hombres lo presentan generalmente
después de los 45 años. Los esquimales son los de
más bajo colesterol
por su dieta rica en pescados.
Precauciones
La población mayor de 20 años debe
conocer su nivel de colesterol, y si este es normal, repetírselo
a los 5 años. A
quienes tienen tendencia a la hipercolesterolemia que asistan a
consulta médica para que reciban tratamiento. A la
población general,
que adquieran el hábito de comer para nutrirse, que incorporen
una
cultura sanitaria sana para garantizar una vejez no sólo
prolongada,
sino con la calidad que les permita disfrutarla.
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